Al escuchar tu voz después de tanto tiempo mis manos temblaron, mi corazón se aceleró y perdí noción del tiempo. ¿Qué tiene que pasar para poder olvidar tu nombre?
Mis promesas esta vez fueron más ciertas que la realidad misma, pero la condición de ser me impidió seguir pensando. Sé que no está bien, pero prefiero no pensar en eso, no pensar en nada. Prefiero creer que soy víctima de un mal juego del destino y que estoy esperando a la próxima partida para poder apostar mi ficha.
Esperarte todo el tiempo es lo que mejor supe hacer y ahora que ya sé que no puedo esperar más estoy desconcertada, sin rumbo alguno, sin si quiera una pista que seguir. Por eso, voy a seguir esperándote sabiendo que nunca vas a llegar. Seguiré esperando.
September 7, 2010
September 5, 2010
Continuará
Con las uñas pintadas de verde esmeralda y vistiendo una camisa floreada, cortesía de los años 70, me dispongo a darle principio a esta historia. Quizá sea necesario que antes de empezar me advierta a mí misma que no es así como quería que fueran las cosas, pero el recuerdo de los sucesos que se llevarán a cabo parecen ser el único consuelo ante tal áspera situación. Y entonces, con los elementos necesarios en mano y con un montón de anécdotas por contar o por vivir, me siento en un cómodo sillón, o en una dura silla de madera, o en el piso, y dejo que mi mundo se llene de efímeros delirios.
categories:
en español,
escritos
Subscribe to:
Posts (Atom)