December 26, 2009

Dos mil nueve

Como dije varias veces, fue un año realmente nuevo para mí.

con 18 años dejé mi casa para mudarme a un departamento, sola y a ~400 km de mi familia. Dejé mi rol de hija-única-mimada para pasar a ser una ama de casa y estudiante universitaria. Muchos dicen que irse a vivir sola a los 18 años es cosa de locos, y puede que tengan razón, pero es una experiencia maravillosa, y yo disfruto cada segundo de la misma.

No soy una inútil, no es que no sé hacer nada, de hecho, durante el primer tiempo me defendí bastante, siempre a mí manera, por supuesto. Pero los primeros días no fueron fáciles, recuerdo; después de levantarme, al bañarme, cambiarme y llegar a la cocina, no había una taza de café caliente ni una tostada con queso blanco esperándome sobre la mesa, y eso significaba que yo tenía que prepararme el desayuno. Opté por empezar a hacer el café y las tostadas mientras me cambiaba -para no perder tanto tiempo- pero me dí cuenta de que se me quemaba siempre la tostada, razón por la cual la tuve que reemplazar por galletitas. A medida que pasaba el año, mi energía se iba agotando y en vez de levantarme una hora y media antes de cursar, empecé a levantarme sólo una hora antes, y ahí fue cuando cambió mi desayuno otra vez; leche fría con galletitas (y gracias si hacía tiempo a comer una galletita). Cuando bajaba no estaba mi papá esperándome en el auto para llevarme al colegio, así que tenía que apurar mis pasos si no quería llegar tarde. Iba casi corriendo, subía las tan odiadas y tenebrosa escaleras de hierro de la facultad e ingresaba al aula correspondiente casi sin aire.
LLegaba al mediodía a casa, cansada, y tenía que cocinarme sabiendo que en poco menos de 2 horas tenía que volver a cursar -por suerte no vivo lejos de mi facutad, razón por la cual puedo volverme al departamento si tengo algún tiempito libre-. Al mediodía siempre opté por cosas fáciles, véase: churrascos con fideos, milanesa con puré (instantáneo, of course), hamburguesas con ensalada etc, etc. y si estaba muy cansada una porción de tarta de la panadería de al lado ¡no me venía nada mal! Cuando terminaba de comer descanzaba un rato, tomaba un café y volvía a cursar.

Al regresar los platos no se habían lavado solos y la cocina no estaba ordenada, por ende tenía que dedicarme a eso un rato. Después ir a mi cuarto, tender la cama y ordenar mis desórdenes varios (si es que tenía ganas). Nota al márgen: Lo bueno de vivir sólo es que hacés las cosas cuando querés y cómo querés, total.. a nadie le joden tus líos!

Me sentaba en la compu -mi cable a tierra- y probablemente molestaba a algún amigo *cofcof Zim cofcof* quejándome por todo lo que tenía que estudiar, o lo mala onda que había estado algún profesor. Aprovechaba para hacer las compras antes de que se haga de noche y llevar la ropa al lavadero. Por supuesto que tenía que avisarle a mi mamá que ya estaba en casa -y sí, a esto lo hacía cada vez que salía y entraba del departamento: "Ma, me voy a cursar", "Ma, llegué. Me fue bien", "Ma, me voy de nuevo", etc.- y si me olvidaba obviamente que iba a tener mínimo 3 mensajes de mi mamá preguntándome si estaba bien, cómo me había ido, y por qué no le respondía, en fin.

A la noche la escena de cocinar se repetía, sólo que ahora tenía más tiempo, por ende me podía jugar por unos tacos, o algunos bocadillos de acelga, ponele. Después de cenar era el momento que elegía para lavar el piso y ordenar un poco, siempre y cuando las ganas estuvieren de mi lado. 

Al finalizar con mis deberes ya mencionados, llegaba la hora de ponerse a estudiar -esto era a las 10 de la noche, aproximadamente- ya tenía sueño porque me había levantado a las 7 de la mañana y había tenido un día bastante movidito, por ende no duraba más de 2 o 3 horas leyendo. Por esta razón es que elegía los fines de semana para estudiar. Esto fue el primer cuatrimestre.

En el segundo cuatrimestre me di cuenta de que madrugar no era mi fuerte y por esta razón fue que no me anoté en ninguna materia a la mañana, salvo en Fonética que era anual y ya no podía cambiar el horario, pero igual era a las 10 que no es muy temprano -a mi criterio. Empecé a vivir al revés que una persona normal. Me levantaba relativamente tarde, almorzaba y me iba a cursar. Cuando volvía descanzaba un rato, limpiaba, cocinaba, y me ponía a estudiar hasta las ~4/5 de la madrugada. En noviembre ya no daba más, evidentemente este ritmo de vida me agotó. Cuando tenía un rato libre me tiraba en la cama y quedaba planchada. Estudiar para los últimos parciales y finales fue todo un tema, la concentración ya no estaba de mi lado y tenía que juntarme a estudiar con alguien para poder leer más de media hora seguida.

A pesar de todo sobreviví a mi primer año de ama de casa y estudiante universitaria. No puedo quejarme de nada; aprobé el ingreso, me fue bien en las materias, no se me incendió el departamento, ¿Qué más puedo pedir? ¿Hacer todos los árboles de gramática bien? No, eso ya es demasiado, querida!

Disfruté muchísimo este año. A pesar de haber estado lejos de mi familia, haber visto re poco a mis amigos y haber estado sin ver a mi mejor amiga por más de medio año, conocí un montón de gente que realmente valió la pena. Personas que me ayudaron a defenderme en esta vida nueva para mí, que me acompañaron y me dieron su aliento. No faltaron aquéllos que a la distancia siempre me regalaron su compañía, su atención y sus abrazos.

4 comments:

Ce said...

que suerte me alegro x tu año y merecidisimas vacaciones!!

Zim said...

=)

MARTINA. said...

EJEMPLO para un futuro no tan lejano(:

Charly Maiz said...

no te conozco.
Pero valió la pena el cambio no?
Espero tener uno así, muy pronto